Proyecto: Ellos me miraron

Senegal: ellos me miraron…

 

            Como muchos he terminado huyendo de la masificación, de la manipulación, del exceso de normas, de la uniformidad del antiguo primer mundo y de la insatisfacción del consumismo. He buscado otros territorios donde prevalecieran los sentimientos sobre la razón, la ética sobre la estética, el hombre sobre la máquina, la pasión sobre la indiferencia...  Un día de 1998 y después de haber viajado por cuatro continentes llegué a Senegal y ellos me miraron.

 

            Ellos me han mirado desde su orgullo y dignidad, desde la belleza de su etnia, desde una cultura y unos valores nacidos de la adaptación al medio y desde una historia colectiva que ha sobrevivido a la esclavitud y que ha conservado formas propias de vida y pensamiento.

 

            Ellos me han mirado desde la libertad, en cuya esencia está el no temer a lo desconocido, en abrirse y desear compartir con los demás. Aunque en muchos casos y en contra de lo que muchos creen los valores del hombre blanco no les interesan.

 

            Ellos me han mirado con curiosidad, con el deseo de conocer y con el profundo respeto de los que parecen creer en que la cultura no es solo currículo sino una actitud vital.

 

            Yo no soy capaz de fotografiar la miseria, la muerte y el sufrimiento aunque admiro profundamente a los que lo hacen, por su compromiso con la verdad y porque esa labor durísima y muchas veces anónima ha servido para modificar las condiciones de los más desfavorecidos. Soy demasiado débil, me paralizo, me desmorono y temo atravesar la delicada línea de la explotación sentimental.

 

            Cuando ellos me miraron sentí sus ansias de vivir, su fuerza y su grandeza espiritual.

 

            Pero esas miradas infantiles tan transparentes en la expresión de sus expectativas, de sus emociones, de sus sentimientos desaparecen a edad muy temprana. La expresión del sufrimiento debe ser pronto erradicada como lo demuestra el hecho de que en el ritual de la circuncisión u oblación (ahora prohibida) el niño que lloraba deshonraba a la familia.

 

            Para una cultura como la nuestra, demonizadora del dolor, resulta casi imposible de asimilar, y sin embargo para ellos simboliza la aceptación del sufrimiento, algo absolutamente necesario para ser fuertes, para poder adaptarse y superar la dureza del clima y la constante amenaza de la enfermedad y de la muerte como algo cotidiano en sus vidas. Pude observar que había muy pocos viejos.

 

            Cuando esto sucede sus miradas se vacían, se convierten en una especie de pozo sin fondo. Podrían compararse, y lo hago con respeto y cariño, con la mirada de esos perros que casi parecen humanas.

 

            La naturaleza de Senegal es sorprendente, inmensa y variada como el mar que baña sus costas y así son también sus actitudes, sin embargo a la mayoría de los adultos no les gusta ser fotografiados. En este punto asumo mi propia contradicción y confieso que muchas de estas imágenes a priori no fueron "consentidas". Lo siento, pero ha sido la única manera de que la autenticidad pudiera estar presente.

 

            Los viajes se han sucedido. Rompiendo las fronteras políticas pero no las étnicas me he adentrado en Malí, Burkina Faso... He vivido en sus casas, con sus familias. He asistido a sus bodas, fiestas de nacimiento, oraciones. He viajado en sus transportes, visitado sus escuelas y hospitales, los mercados. Les he visto trabajar, volver del trabajo y divertirse de diferente manera... Aquí confluyen y coexisten tres religiones distintas: musulmanes, animistas y cristianos.